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Dilluns, febrer 6, 2023
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En torno al Aguinaldo

Cançons o responsos?” Preguntaba el sacerdote que presidía la sencilla comitiva presidida por el guion con la imagen de la Purísima. flanqueado por dos artísticos faroles y acompañado por un sacerdote, músicos y acólitos, seguidos de un borrico, mientras visitaban en los atardeceres grises y fríos en torno a la Epifanía todas las casas de la Villa y en los luminosos y floridos de la primavera las alquerías y heredades de nuestro término, con el fin de recaudar fondos con que financiar las fiestas del año siguiente.

El acto creado a mediados del siglo XVII, concretamente en 1667, a instancia de dos personajes destacados e influyentes de aquella época, como lo fueron mosén Gaspar Blai Arbuixech y mosén Domingo Espí, vive desde entonces el renacer al júbilo y participación en un novel festejo, invitando a formar parte de la simbiosis afectiva entre la ciudad y su patrona a través de estos tres largos siglos.

 El singular ritual partía con el tañer de las campanas, desde la puerta de la Casa Consistorial, el segundo día de Navidad, y como un hormiguero humano recopiló entre sus páginas a muchas de nuestras generaciones, sus sentimientos, afectos y emociones, conformando un rico patrimonio de vivencias.

Limpios y humildes, cada uno de los hogares, ornados con macetas y velas, contaban con la presencia de toda la familia aguardando la llegada de la comitiva, y con ella, al sacerdote revestido con roquete y estola celeste que, ante el umbral, preguntaba: “Cançons o Responsos?” 

Un halo de júbilo y gozo por la presencia de la grey infantil, inundaba el hogar repleto de música y cantos, de estribillos alegres, ingenuos y populares, cuyas melodías, surcando los siglos, fueron acompañadas en sus inicios por instrumentos de cuerda y en años posteriores por los de viento. Por el contrario, la solicitud por parte de la morada de “Responsos!”, por haber algún difunto, enfermo, dolor o tristeza, elevaba la plegaria  por el alma del finado, contando tan solo con la presencia de sus habitantes.

 Todas las casas ofrecían sus donativos para la venidera fiesta, materializados en dinero o trenzas de maíz que, una vez desgranadas, eran vendidas en pública subasta, de ahí el borriquito manso que soportaba en sus alforjas los dones ofrecidos, junto al tropel de música y jolgorio.

Concluido el amplio recorrido por calles y plazas, el Aguinaldo recorría todas las casas de campo y alquerías que salpican nuestro término. Recibido con gran júbilo el estandarte de la Purísima, éste pernoctaba en aquella heredad, que tras amistosa y cariñosa “subasta”, adquiría el gran privilegio de velarlo por una noche. Acogiendo en aquellos lares de labranza a la vecindad que era obsequiada por el dueño, el mediero o el arrendatario, con un buen plato de aceitunas y almendras tostadas, regados con un buen vino criado en sus bodegas o unos dulces artesanales y una copita de mistela que acompañaban la amena tertulia.

El devenir de los tiempos nos legó un rico patrimonio, una populosa colección de estrofas que conserva invariable su melodía, pero también una expansión urbanísticas que hizo desaparecer, en aquellos difíciles años de la posguerra, de nuestras calles, plazas y caminos de herradura la bella página repleta de júbilos y entusiasmos.

Pasados unos años, aliviadas las apreturas propias de aquellos años con la reconstrucción del país arruinado por la guerra, el Consistorio Municipal, presidido por Jaime Miquel Lluch, en sesión plenaria de diciembre de 1957, acordó restablecer “el tradicional y secular Aguinaldo de la Purísima”.

El sábado 4 de enero del siguiente año, a las siete de la tarde, salió de las Casas Consistoriales. El Aguinaldo visitó los siguientes centros: “F.E.T. y de las J.O.N.S., Sociedad Unión Artística Musical, Santo Hospital Beneficencia, Centro Parroquial de Santa María, C.N.S., Patronato de la J.O., Patronato de la Niñez, Círculo Industrial y Agrícola, Sociedad de Festeros y domicilio del Sr. Administrador”. El cortejo presidido por las Autoridades locales y Junta de Fiestas, fue acompañado de la Banda de Música, de las tradicionales guitarras y cantores.   

 Digna de grandes elogios fue aquella acertada decisión del consistorio al restablecer la costumbre tan secular, haciendo resurgir la querida tradición que fue dignificada y enaltecida en 1969. Aquel año se incorporaba un coro de cantores y la banda Unión Artística Musical, bajo la dirección del maestro Ferrero, acompañó a la comitiva presidida por Tomás Valls Guillem, presidente de los festejos; Antonio Vidal Tormo, administrador de la Purísima; Joaquín Cots Torregrosa, Plebán-Arcipreste; y miembros de la Junta de Fiestas, visitando, después de la Casa Consistorial, la Delegación de Falange Española (actual emplazamiento del Ayuntamiento en el palacete de los Condes de Torrefiel), la sede de la Sociedad Unión Artística Musical (situada en la subida de la Bola), el Santo Hospital Beneficencia, la Casa Cuartel de la Guardia Civil, el Centro Parroquial de Santa María, la Casa Sindical y la Escuela de Formación Profesional “San Juan Bosco” (estas dos últimas encuadradas en la plaza de la Coronación, la segunda de ellas ocupada hoy en día por el Conservatorio de Música José Melchor Gomis), la Caja de Ahorros, el Club de Fútbol Ontinyent (ubicado en el desaparecido Bar España en el edificio de Paduana, en la plaza de la Concepción), el Patronato de la Juventud Obrera (actual residencia de San Francisco en la calle de Gomis), el Patronato de la Niñez, el Círculo Industrial y Agrícola, la Sociedad de Festeros, el Círculo Vázquez de Mella (situado en el entresuelo de la calle Mayans nº 1) y, finalmente, el domicilio del Administrador de los fondos de la Purísima en la calle Mayans 13, donde terminó el desfile.

            El ritual, que tuvo vigencia anual hasta el sábado 9 de enero de  1971, momento en que redujo su visita al Ayuntamiento, en representación de la ciudad, después de haber partido de la iglesia parroquial de Santa María. Todas las entidades oficiales, recreativas y culturales, así como todos sus habitantes fueron invitados a tan simbólico y emotivo acto que, en 1975, fue simplificado de tal modo que las entrañable estrofas eran entonadas por las voces dels angelets, en el ofertorio de la misa celebrada a las ocho de la tarde en la víspera de la subida de la imagen de la Purísima al camarín de su capilla. 

De nuevo, la expresión del sentimiento humano, alabanza y veneración volvió en 1997 a nuestras calles, que año tras año, generación tras generación cobijaron la misma cantinela encadenada con nuestro fervor mariano. A las 6 de la tarde, con el júbilo de las campanas, la entrañable comitiva parte desde el plebano templo y visita el Centro Parroquial de Santa María, la Sociedad de Festeros del Smo. Cristo de la Agonía y la Casa Capitular. “Cançons” y “Responsos”, siguiendo la antañona tradición, permanecen inalterables a pesar del paso de los siglos. Sus itinerarios, costumbres y personas han ido variando con ellos, mas no su esencia íntima de recabar las esperanzas y el júbilo tras el cierre de cada edición festiva y a las puertas de la venida de la Navidad.  

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